Petróleo: el gran olvidado en la matriz energética de Chile.

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Descripción del problema

La indiferencia de los organismos públicos, privados y ciudadanía sobre el problema de la extrema dependencia de nuestra economía del petróleo. El 99 % del transporte utiliza los derivados del petróleo como energético. 

Descripción de la idea

Petróleo: el gran olvidado en la matriz energética de Chile

Ernesto Águila Mancilla.

Ing. Civil Mecánico (UTE)

En Chile, toda vez que nos referimos a la matriz energética solo hablamos de la electricidad. Sin embargo, según el Balance de Energía del año 2012, el petróleo constituye el 55% de dicha matriz y el 99% del transporte utiliza los derivados del petróleo como energético. A esto se debe agregar el hecho que nuestra participación en la economía global solo será posible mientras los costos del transporte aéreo y marítimo lo permitan. Por otra parte, es sobradamente conocido que somos importadores netos de petróleo ya que nuestra producción interna es mínima. Dicho en pocas palabras: nuestra economía es extremadamente dependiente del petróleo.

El petróleo en la economía del mundo

El “oro negro” ha dinamizado la economía del mundo desde comienzos del siglo XX. Su precio y abundancia han hecho posible el desarrollo industrial del que somos testigos y la globalización que permite, por ejemplo, que podamos colocar nuestros salmones en los lugares más remotos del planeta o que podamos traer lo que se nos ocurra también de lugares lejanos.

¿Podremos seguir haciendo esto indefinidamente?

El petróleo fácil y barato, del cual proviene la gasolina y el diésel que consumimos, se ha convertido en un bien escaso en el mundo que no alcanza para satisfacer las necesidades totales del mercado. Se ha hecho necesario, entonces, complementarlo con petróleo que debe extraerse del mar a profundidades de mil o más metros en el Golfo de México o Brasil, o de las arenas bituminosas de Canadá o el petróleo extra-pesado del Orinoco en Venezuela. El petróleo de estas dos últimas fuentes, para poder ser refinadas, requieren someterse previamente a un largo y costoso proceso.

En los últimos años ha surgido lo que se creyó sería una tabla de salvación: el shale oil o petróleo de formaciones compactas. Para permitir que las rocas entreguen su precioso producto se hace necesario recurrir a la perforación horizontal y luego a la fracturación mediante la inyección de agua con aditivos a alta presión. Debido a la rápida declinación de estos pozos se debe perforar una mayor cantidad de ellos. Todo esto encarece el producto.

Se ha difundido la idea de que EE.UU. llegará en breve tiempo a ser autosuficiente, produciendo más que Arabia Saudí gracias al shale oil. Esto es una verdad a medias ya que el 80% de su producción proviene de 2 formaciones, Bakken y Eagle Ford, y el resto de las 19 formaciones producen el 20 % restante. Las formaciones de shale oil se caracterizan por su rápida declinación. Se espera un gran crecimiento que llegaría a un máximo de 2,3 millones de bls/día, para el 2017. A esa fecha se habrán perforado todos los pozos posibles en las dos grandes formaciones (Bakken y Eagle Ford) lo que tendrá como consecuencia que para 2019 la producción caiga a los niveles del año 2012 y para 2025, a 0,7 millones de bls/día. En resumen, la producción de shale oil de estas formaciones será una burbuja de diez años de duración.

Todo lo anterior implica, entre otras cosas, mayores costos, lo que explica en gran parte el precio de US$95 a US$ 100 por barril del petróleo actual. Y la tendencia será a seguir subiendo en la medida en que el petróleo difícil de extraer se vaya incorporando cada vez más al mercado. Las únicas bajas esperadas son aquellas que se podrían producir por las caídas en recesión de la economía mundial, situación en la que los menores precios harían que dejen de ser rentables ciertos yacimientos lo que realimentaría el ciclo de alzas.

Otro factor que ayuda a mantener los precios altos es el hecho de que en Medio Oriente las monarquías requieren un petróleo del orden de US$ 90 /bl. para equilibrar sus presupuestos nacionales. Esto dado que en sus países mantienen los precios de los combustibles extremadamente bajos y subvencionan a la población con niveles altos de gastos sociales con el propósito de evitar que se genere un nivel de descontento que pueda poner en peligro su estabilidad. A esto debemos agregar, en el caso de Arabia Saudí, poseedor de las mayores reservas mundiales, el despilfarro de la familia real formada por 7.000 o más príncipes.

Estamos insertos en una economía global que se desarrolló gracias a los “bajos precios” del transporte aéreo y marítimo que teníamos cuando el petróleo estaba a 40 o US$60 /bl. Jeff Rubin en su libro Por qué el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño (2009), explica cómo la globalización se verá cada vez más afectada por el precio del petróleo:

“…cuando el petróleo se encaramó hasta los 100 US$/bl., los costes de combustible pasaron a ser casi la mitad del coste total de transportar algo por mar… Los gastos de transporte actúan como un arancel, que no es más que un impuesto a las importaciones… Cuando el precio del barril de petróleo es de US$ 100 /bl. (situación actual), los gastos de transporte superan el impacto de los aranceles para todos los que intervienen en el comercio de EE.UU., incluso los vecinos más cercanos y miembros del NAFTA, Canadá y México…

…el flete desde China, pasó, entre 2007 y 2008 de US$ 455 a más de US$1100 para un contenedor estándar de 40 pies…” (pp.168-9).

Podemos ver que se nos avecina si no el fin de la globalización, al menos fuertes ajustes.

No podemos dejar de mencionar, en otro orden de cosas, que la explotación del petróleo no convencional, como es el caso de las arenas asfálticas de Canadá y el shale oil en EE.UU., genera grandes problemas de contaminación ambiental. Además, la perforación en aguas profundas hace muy difícil reparar un pozo fuera de control (blowout) como fue el caso de la plataforma “Deep water horizon”, el 20 de abril de 2010, que se incendió y hundió en el golfo de México.

Por otra parte, además de los problemas del precio creciente del petróleo, existe el riesgo de interrupciones del abastecimiento que obligan a mantener reservas adecuadas para enfrentarlas. En el caso de Chile, el terremoto del 27 de febrero del 2010 puso en evidencia nuestra vulnerabilidad ante la ruptura del abastecimiento de petróleo o sus derivados. En esa oportunidad se tuvo que paralizar una refinería por tiempo prolongado y se pudo constatar que existía petróleo crudo para 20 días, gasolina para 24 días y diésel para 12 días. Debemos recordar cómo la pérdida de 1, 600,000 barriles diarios de producción que se produjo con motivo de la guerra civil en Libia, disparó los precios, siendo que la producción libia cubre solo un 2 % de los 80 millones de barriles diarios que consume el mundo. Mucho más grave sería la situación si se interrumpiera el flujo de petróleo que pasa a través del Estrecho de Ormuz que representa casi el 40 % del suministro de crudo que se comercializa mundialmente.

La OCDE de la cual Chile es miembro, cuenta con un sistema para dar respuesta a emergencias ante rupturas de abastecimiento. Este es administrado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y exige que los países miembros mantengan un nivel de reservas equivalentes, como mínimo, a 90 días de sus importaciones netas de petróleo. Sabemos que en mayo del 2011 el Ministerio de Energía recibió los resultados del estudio “Análisis de opciones para reservas de seguridad de combustibles líquidos”, pero desconocemos el resultado de su aplicación.

 

 

Elementos para el diseño de una política petrolera para Chile

Visto todo lo anterior se hace evidente que como país necesitamos tomar conciencia de que la extrema dependencia del petróleo es un problema grave. Mal podremos resolverlo si no lo reconocemos como tal. Esto debe partir por quienes tienen la responsabilidad de diseñar y poner en prácticas políticas públicas. Luego es necesario educar a la ciudadanía para que como sociedad nos hagamos cargo de esta realidad: el petróleo barato se hace cada día más escaso y consecuentemente los combustibles que derivan de él, más caros.

Esto significa que disminuir la dependencia de los combustibles fósiles debe estar en la base de toda política, lo que implica que se debe evitar cualquier medida que incentive su consumo. Esto no se contrapone con establecer mecanismos de estabilización efectivos que nos pongan a cubierto de alzas repentinas y temporales que puedan poner en peligro nuestra estabilidad económica. Pero, paralelamente, es necesario hacer conciencia en la opinión pública de que esto no resuelve el problema principal que es el que los derivados del petróleo tendrán una tendencia creciente al alza de precios.

El estar preparado para la eventualidad de una ruptura de abastecimiento a nivel mundial debe ser parte de una política energética nacional. Se podría estudiar la posibilidad de instalar un sistema de respuesta ante rupturas de abastecimiento entre los países de UNASUR, similar al que tiene la AIE para los países de la OCDE.

Frente a la  compleja realidad que representa el  abastecimiento oportuno de petróleo y sus derivados es fundamental potenciar a ENAP como empresa estratégica del Estado, que posee un conocimiento amplio del mercado internacional del crudo y que desarrolla operaciones de Exploración y Producción en el extranjero. Estas  últimas actividades deben desarrollarse en todo  su potencial para constituir abastecimientos alternativos.

Como ya se mencionó, el 99% del transporte en nuestro país utiliza los derivados del petróleo como energético. Esta área requiere, por lo tanto, especial atención a la hora de diseñar una política petrolera la que debería incluir medidas como las siguientes:

1. Promover el uso del transporte colectivo, replanteándose los objetivos de este tipo de transporte en el sentido de que su servicio no solo debe ser óptimo para satisfacción de los usuarios, sino porque que cumple una función económica fundamental como es ayudar a disminuir la dependencia del petróleo.

2. Promover el empleo de automóviles eléctricos e híbridos tanto para el uso personal como para taxis y taxis colectivos.

3. Promover el uso de buses eléctricos.

4. Promover el uso del gas natural en automóviles, buses y camiones. El mercado mundial del gas natural tiene características que le son propias y, por lo tanto, el uso de este energético podría ayudar durante la transición hacia una economía menos dependiente del petróleo.

5. Hacer los estudios y acciones necesarias para optimizar el uso del transporte de carga vía ferrocarril eléctrico, camión y cabotaje.

Se puede discutir la pertinencia y la mayor o menor urgencia que tendría implementar estas u otras medidas, pero lo que no podemos seguir haciendo es ignorar el papel que juega el petróleo en nuestra economía y las gravísimas consecuencias que de allí se pueden derivar.

EAM/ 15.03.2014.-

Fecha de publicación

17 de Marzo 2014

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